Él, Derek, el titan de los negocios, el hombre cuyas órdenes eran ley en los más altos círculos corporativos, que domaba salas de juntas y desmantelaba crisis con una frialdad quirúrgica, ahora se encontraba paralizado. Una vulnerabilidad desconocida, una marea de emoción íntima, amenazaba con ahogarlo. Era un rey en su imperio de control, y este desgarro interno era su único, su más temido, punto ciego. La simple mención del rechazo, le apretaba la garganta hasta dejarlo sin aliento.
Prefería la huida, la retirada estratégica, antes que ceder a la humillación de una confesión. Se puso de pie con una lentitud cargada, cada músculo de su mandíbula tensado por la frustración. Su movimiento, deliberado y pesado, lo llevó unos pasos lejos de ella, dándole la espalda.
—¿Te vas? —La voz de Naomi lo persiguió. Era un susurro apenas audible, pero vibraba con la peligrosa cadencia del acero afilado.
Derek se giró, su mirada oscura y cortante, un reflejo de la tormenta que se desataba en su int