Capitulo 75

Él continuó tal cual, sin moverse, lamentando la imposibilidad de concebir su anhelado sueño.—No tengo apetito.— susurró, seguido de un suspiro pesado.

—Tenemos una invitada especial. Alguien que te gustaría ver. Una persona que te hará olvidar esta melancolía.

—No me importa nada ni nadie. —gruñó Derek, su voz amortiguada por la almohada.— Dayana, sal y cierra la puerta. Quiero estar solo.

—Levántate, Derek. No podemos hacerle un desaire a la invitada. —La voz autoritaria de su abuela, Doña Al
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