Esa noche, Derek se quedó a dormir en casa de su padre, sintiendo que había retrocedido una década, buscando refugio.
A la mañana siguiente, el aire en la ciudad era fresco y el sol prometía calentar la jornada. En la prestigiosa agencia de bienes raíces, donde Derek ocupaba el puesto de CEO, se llevaría a cabo una reunión extraordinaria. El objetivo era informar a todos los ejecutivos sobre los nuevos acontecimientos con respecto a la expansión de la empresa y la entrada de los nuevos inversores de Canadá.
Derek estaba en su oficina, una fortaleza de acero y cristal en el piso más alto, terminando de ordenar las propuestas. Mentalmente, era un caos. Realmente, no tenía ningún deseo de dar explicaciones a nadie, ni de lidiar con el bullicio corporativo. Lo único que anhelaba era una tranquilidad que sentía haber dejado irrevocablemente en la casa que ya no era su hogar.
La puerta de su oficina se abrió sin previo aviso, y Maik, entró con su habitual energía. Maik se detuvo en seco al