Ella pudo sentir el calor abrasador de su cuerpo, aspirar el aroma salvaje y penetrante de su fragancia masculina, y por primera vez, contemplar la oscura profundidad de sus ojos grises a una distancia peligrosa.
— Tienes razón.— musitó él, su aliento caliente rozando el rostro de ella. — Mi hermana puede tener muchos defectos. Pero adivina qué, Freisy. Ella tiene dignidad, valores, principios inquebrantables. No anda abriéndole las piernas al primer idiota que pasa, como hacen otras... como ha