Ella pudo sentir el calor abrasador de su cuerpo, aspirar el aroma salvaje y penetrante de su fragancia masculina, y por primera vez, contemplar la oscura profundidad de sus ojos grises a una distancia peligrosa.
— Tienes razón.— musitó él, su aliento caliente rozando el rostro de ella. — Mi hermana puede tener muchos defectos. Pero adivina qué, Freisy. Ella tiene dignidad, valores, principios inquebrantables. No anda abriéndole las piernas al primer idiota que pasa, como hacen otras... como haces tú.
— ¡Maldito! — Un rugido escapó de la garganta de Freisy. Intentó golpearlo con una furia desesperada, pero sus manos fueron interceptadas y sujetadas con una fuerza de hierro.
— Le tienes una envidia a mi hermana, porque sabes, en lo más profundo de tu ser, que ella es más mujer que tú. Ella vale más, es más importante, y lo fundamental... se respeta más que tú.
— ¡Desgraciado! ¡Infiel miserable! — gritó, su rostro desfigurado por la alteración. Tyler la soltó con la misma brusquedad con