Freisy esbozó una sonrisa distorsionada por la frustración, negando con la cabeza, sus ojos fijos en los de él. La vergüenza y el peso de una humillación atroz la cubrieron como un manto pesado y frío. No pudo pronunciar palabra alguna; las tenía atoradas en la garganta.
A la mañana siguiente, el sol se asomaba perezosamente en el horizonte, disipando la niebla con una luz suave. La brisa matutina traía un reconfortante olor a tierra húmeda.
Tyler fue a la habitación de Freisy para iniciar el v