Naomi estaba entre las sábanas de seda, con el corazón latiéndole a un ritmo frenético. Estaba repasando, obsesivamente, lo sucedido. Quería convencerse de que todo lo que sintió en ese momento fue efímero, una ilusión nacida del miedo y la vulnerabilidad. Pero cuando tocaba su vientre abultado, sabía que había algo real, intenso y peligroso en la conexión que había surgido. Escuchó el suave golpe en la puerta y su corazón dio un vuelco violento. Sabía que el responsable de sus dudas y temores estaba del otro lado.
— Adelante. — su voz apenas fue un susurro, cargada de duda y, a la vez, de una expectativa insoportable.
Derek entró al dormitorio. La luz tenue de la mesita de noche apenas revelaba su silueta. Visualizó a Naomi tendida, completamente cubierta con las sábanas, encorvada y frágil. Él sonrió levemente, una expresión que no llegaba a sus ojos. Caminó unos pasos y colocó la bandeja en la mesita auxiliar. Luego, se acercó a la cama y se sentó a su lado.
— ¿Tienes frío? — pregu