En un pequeño pueblo a las afueras de la ciudad, donde la lluvia azotaba con una furia inusitada, Tyler y Freisy se encontraban en la recepción de un hotel. La tormenta había convertido las carreteras en ríos y la posibilidad de reunirse con los arrendatarios o regresar a la ciudad, era nula. El rugido del viento se colaba por los marcos de las ventanas, un presagio de la incomodidad forzosa.
Tyler deslizó su tarjeta de crédito a la recepcionista para pagar la habitación. Tras el breve procedim