Derek se levantó de golpe, la frustración palpable en su voz. —¡Joder, claro que no! Esa mujer es la causa de toda mi crisis existencial. Solo quiero que pasen los meses para cerrar este capítulo.
No esperó a que su padre respondiera. Se fue, el peso del alcohol que había consumido la noche anterior se hacía más evidente a cada paso. Cuando llegó a su apartamento, la encontró sentada en el sofá. Verónica, sosteniendo una copa de vino, tenía el rostro pálido y los ojos hinchados de tanto llorar.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?—preguntó Derek, la sorpresa y el enojo mezclándose en su voz.
—Tú me diste la copia de las llaves.— respondió ella, su voz apenas un susurro quebrado. La pregunta siguiente le rompió el alma: —¿Por qué te casaste?
—¿Cómo lo sabes?— él se dejó caer en el sofá, como si el peso del mundo lo estuviera aplastando.
— Derek, sabes bien lo que siento por ti. Te necesito. Quiero hacer el amor contigo.
Derek la miró, el cansancio agotaba cada fibra de su ser. —¿Acaso tu