Con el corazón desolado, subió las escaleras. Abrió lentamente la puerta de la primera habitación y, sin pensarlo dos veces, decidió que ese sería su santuario. No tenía fuerzas para explorar más, solo deseaba dormir hasta el día siguiente, y esperar que al despertar, todo fuera una pesadilla.
Mientras tanto, en la otra punta de la ciudad, en un club nocturno, Derek se autodestruía a sí mismo. Él, un hombre implacable que no se dejaba vencer, se había rendido ante un simple papel: un contrato m