OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 85.
El trayecto hasta el hotel transcurrió en un silencio distinto al de antes. No era incómodo ni cargado de distancia, sino suave, casi respetuoso. Héctor conducía con una mano firme sobre el volante, la otra descansando ocasionalmente sobre mi rodilla, como si necesitara recordarnos a ambos que seguíamos ahí, juntos, después de todo.
La lluvia había cesado y la ciudad parecía respirar con alivio. Las calles brillaban bajo las luces nocturnas, limpias, reflejando el cielo que comenzaba a despejar