OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 38.
Entre lágrimas de desesperación, Christina se levantó de manera abrupta y salió de la sala rumbo a una de las habitaciones laterales de la mansión, dejándonos a todos desconcertados.
Al ver la intención de mi hermano de ir tras ella, me interpuse y tomé con cuidado al pequeño Gabriel, que dormía profundamente en mis brazos, ajeno a todo el caos.
—Déjame hablar con ella —le pedí a Víctor—. Esto es algo que yo puedo manejar.
—¿Estás segura? —preguntó, nervioso.
—Sí —respondí con firmeza—. Tú eres