OBLIGADA A TENER EL HIJO DE MI ENEMIGO. Capítulo 33.
Ni siquiera sabía cómo sentirme al saber que Héctor había regresado.
Durante varios segundos me limité a mirarlo, inmóvil, como si mi mente se negara a aceptar que realmente estaba ahí. Su figura se recortaba entre la tenue iluminación del invernadero, alto, serio, con esa postura rígida que siempre adoptaba cuando se preparaba para una confrontación. Luego desvié la mirada hacia el cielo nocturno, obligándome a concentrarme en la luna que brillaba sobre el cristal del techo. Era hermosa, tranq