OBLIGADA A PERDONARTE. Capítulo 2.
Me quedo en blanco.
No es una metáfora, no es una exageración. Mi mente simplemente se apaga mientras sostengo la mirada de Sebastian Levine, esos ojos verdes que conozco demasiado bien y que ahora me observan con la misma intensidad calculada de siempre. No logro moverme. No logro hablar. Mi cuerpo reacciona antes que mi cabeza, tensándose como si esperara un golpe que aún no llega.
—Amelie —dice Sarah, con una sonrisa que empieza a vacilar—. ¿Todo bien?
No respondo.
Los segundos se estiran de