Capítulo 40.

Maldita sea, demonios, ¡Malditos demonios!

Esto es una pesadilla, no puedo creer que haya ocurrido de verdad, en serio Gabriel me vio haciendo una cosa tan vergonzosa…

No puedo ni pensar en las cosas que sé que él debe estar pensando sobre mí ahora mismo, debe creer que soy una demente, una pervertida, un idiota… Y probablemente soy todas esas cosas, pero no puedo permitir que un hombre tan perfecto como él lo piense.

Por lo que levantándome de la cama de un salto, me apresuro a tomar mi ropa interior y mis pantalones, poniéndomelos de camino a la salida de mi habitación.

—¡Gabriel! —llamó su nombre desesperada, pero el pasillo está vacío.

Supongo que por la sorpresa, Gabriel salió corriendo como alma que llevó el diablo, algo que es completamente comprensible, porque no esperas que tu invitada y tu amiga se esté masturbando en tu habitación de invitados…

Por lo que aún maldiciendo entre dientes, me apresuro a recorrer el pasillo y bajar las escaleras, buscando dónde podría estar.

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