Capítulo 109.

Al observar a Héctor frente a nosotros, un nudo se forma en mi garganta. Es demasiado similar a su hermano, y verlo ahí se siente como recuperar a una persona que perdí para siempre. Su sola presencia despierta recuerdos que creí haber enterrado, pero que claramente siguen vivos dentro de mí.

Siendo sincera, nunca pude superar por completo la muerte de Gabriel. Siempre me sentí culpable de que él diera su vida por defenderme, y siempre me arrepentiré de haber sido tan débil como para no haberlo defendido de su asesino. Esa culpa se convirtió en una sombra constante, una que aprendí a cargar en silencio, pero que nunca desapareció del todo.

Por eso, tener a Héctor frente a mí —un hombre alto, de cabello dorado y ojos claros, con un rostro tan similar al del difunto Gabriel— provoca que mis ojos se llenen de lágrimas. Es tan extraño… como si el pasado hubiera decidido aparecer sin avisar, justo en el día más feliz de mi vida.

—Sí, finalmente pude regresar de la guerra —explica Héctor, e
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