EL GUARDAESPALDAS DE MI HERMANO: 7. Ojos de amor
Sabía que no podía tratarse de nada bueno. Lo confirmó en cuanto contestó.
— ¿Cómo diablos ha podido suceder eso? — cuestionó y echó la cabeza hacia atrás soltando una maldición — Mantente informado.
Entonces colgó, lanzó el móvil a la cama y clavó las palmas en el ventanal de su habitación, pensando en cómo carajos iba a darle una noticia como aquella a Elizabeth.
De pronto, escuchó la puerta abrirse. Ladeó la cabeza creyendo que se trataría de ella.
Sonrió en cuanto descubrió a Raquel allí