EL GUARDAESPALDAS DE MI HERMANO: 8. Voy a llevarte a mi habitación
Desayunaron como nunca pensaron que sería posible, en medio de una conversación cualquiera que incluía las miradas embelesadas de Leonas, las ocurrencias de Raquel y la risa de Elizabeth que, aunque era genuina, sabía que había algo de nostalgia en ella.
A él le pareció demasiado frívolo arrasar con esa paz que de pronto la había cobijado. Quería prologar por un poco más de tiempo cualquier síntoma de felicidad que viese en su rostro.
De lo que no estaba seguro es de cuánto tiempo podría soste