EL GUARDAESPALDAS DE MI HERMANO: 6. Quiero besarte
Llegaron empapados y muertos del frío. Lo primero que hizo Elizabeth fue preguntar por su hija.
— Todavía está dormida, señora — le dijo la muchacha del servicio con una amable sonrisa.
— ¿Y Alina? — preguntó Leonas.
— Descansando, señor.
— ¿Qué dijo el doctor?
— Que la bala solo le rozó la pierna, pero que estará bien.
— Muy bien, gracias. Puedes retirarte.
La muchacha se retiró, dejándolos solos. El vestíbulo estaba cobijado únicamente por la tenue luz de una lámpara. Se miraron, espera