71. ¿Tú… te quedaste aquí toda la noche?
Al llevarla de regreso a la habitación, las toallas ya estaban allí, así que la envolvió y buscó entre sus pertenencias una camisa y un pantalón de algodón que le quedase como pijama. La ayudó a vestirse y ella no opuso resistencia.
— Quiero… ver… a mí… bebé — pidió en una súplica.
— An…
— Por favor — rogó, llorosa.
— Está bien, tranquila, no llores. Pediré a mi madre que lo traiga.
Ella asintió.
Minutos más tarde, subieron al pequeño César. Él lo colocó delicadamente en sus brazos.
— Dim