70. Demasiado frágil
— ¿Qué? ¡No! ¡Pero…! — Ana Leticia intentó zafarse, pero el agarre del CEO fue más fuerte.
La incorporó de mala gana.
— ¡Vístete! — le ordenó.
Al saberse descubierta, la mujer lo miró con desprecio y se comenzó a poner la ropa de mala gana.
— No sé qué le viste a la insípida de mi hermana, pero puedo asegurarte que ella jamás te dará lo que yo sí.
Él rio de forma burlona. No se desgastaría. Y en eso se escucharon las sirenas de la policía.
Mientras tanto, en ese lugar oscuro, el frío seguí