60. El nombre de esa mujer queda enterrado
Ana Paula abandonó la mansión completamente turbada, con el corazón desgarrado y la última con el recuerdo de la última imagen de su bebé doliéndole por montones.
Era eso o la cárcel, le había dicho él, y aunque cualquier cosa hubiese sido mejor que arrebatarle al hijo de sus entrañas, sabía que tras las rejas, acusada por los delitos de los que sabía era inocente, no conseguiría pelear por su bebé.
Caminó durante horas, perdida y silenciosa, arrastrando el alma con las suelas de sus zapatos y