54. Trabajo de parto
Durante el traslado, ella no paró de quejarse y llorar, provocando que con cada lamento el corazón del CEO se comprimiera más y más.
— Me duele. Me duele mucho la cabeza. Auch, ya no aguanto — lloró, negando y sosteniéndose la cabeza con mucha fuerza.
— Tranquila, tranquila. Estamos llegando — le susurró él, angustiado, importándole poco nada que no fuesen ella y el bebé en ese momento.
Saberla sufriendo de ese modo, era insoportable, casi asfixiante.
— ¡No puedo! ¡No puedo! ¡Ayúdame! — rogó