43. Una conversación de hermanos
— Nada, señor, ninguno de mis compañeros tiene información respecto al paradero de su cuñado — avisó uno de los guardias de la mansión Torrealba.
Santos negó con la cabeza y se frotó el rostro. Miró a su jefe de seguridad, quien llevaba la última media hora intentando rastrear su ubicación.
— El muy astuto se ha desconectado. No tengo acceso a su ubicación — gruñó, pues de haberlo ya localizado, habría ido en su captura — Enviaré de todas formas a uno de mis hombres a su apartamento de soltero