24. Esta noche quiero creerte
Al llegar a la habitación, él la dejó con sumo cuidado en la cama, y sin poder evitarlo, se quedó prendado a esa belleza angelical por largos segundos, en esos ojos grises con tintes de azul, en esas mejillas que se sonrojaban de la nada y en esos labios que constantemente lo hipnotizaban.
Ella experimentó algo similar, y es que a pesar de esa nube oscura que constantemente los rodeaba y separaba, no podía negar la inevitable e increíble atracción que sentía por el tío de su hijo, sobre todo de