21. Leonas descubre marcas en el cuello de Beth
Esa noche, la mansión Torrealba estaba cobijada por la tensión. También llovía.
Elizabeth no había vuelto a ser la misma desde su apasionado encuentro con Leonas. Lo evocaba en cada cosa que hacía y no podía evitar desear que sus manos de nuevo la recorrieran entera, aun cuando sabía que no era lo correcto y que su marido había comenzado a vigilarla desde entonces.
— ¿En qué tanto piensas? — le preguntó Renato al salir de la ducha, sacándola de sus cavilaciones.
— En nada.
Él se acercó a don