Aquella no era la petición de matrimonio que había estado esperando, así que la declinó firmemente.
—De ninguna manera.
—¿Ahora resulta que no quieres? —arqueó una ceja.
—No me interesa casarme con un hombre por presión —dijo con simpleza.
—Qué mal entonces —sonrió de lado, el gesto completamente frío y carente de emoción—. Porque pienso casarme contigo de todos modos. Ahora, tú decides si lo quieres por las buenas o por las malas.
—¿Y qué pretendes? —lo encaró—. ¿Obligarme a decir que “sí”