—Madame Vance, ¿puedes pedirle que se vaya? —lo señaló apenas con la barbilla sin dejar de observar a su mentora.
La mujer se horrorizó visiblemente por la petición.
—¡Kiara! —boqueó incrédula.
En otro momento de su vida, no hubiera sido tan fría y directa. Pero ya no era la misma, así que, ¿qué importaba?
—Se suponía que este sería un ensayo privado. No quiero personas que no pertenezcan a nuestro mundo merodeando por aquí.
—Víctor, ¿puedes esperar afuera? —le dijo su madre, quizás compren