Llorar por tonterías era algo que no había podido evitar hacer desde su niñez. Llorar, más allá de un acto de desahogo, se había convertido en su forma habitual de expresión.
No importaba si el motivo era por felicidad o por tristeza; las lágrimas siempre estaban allí, brillando en sus ojos.
Pero ya no.
Ya no lloraría.
El viaje en auto fue silencioso. Su padre no dejaba de observarla desde el espejo retrovisor, mientras Selene comentaba sin parar lo mucho que le había encantado su presentaci