La situación volvió a repetirse otro día. Quizás estaba imaginando cosas, pero no le gustaba la forma en la que se veían.
Ya le había dicho a Diana que Alejandro no era hombre para andarse con jueguitos. Ella le había preguntado si todavía lo quería; la respuesta fue un rotundo no. Y la chica le dijo, de forma despreocupada, que no tenía ese tipo de intención. Entonces, si ella no tenía esa “intención”, quizás era el hombre quien la tenía.
Así que decidió atacar directamente la raíz del problem