Cerró el grifo al segundo y se giró con toda la intención de esquivarlo e irse.
Era el baño de mujeres, así que no existía ninguna excusa para que Alejandro estuviera allí, excepto que, como siempre, quisiera hacer que el caos se apoderara de su vida. Y sin duda, eso ocurriría si Marcos se llegaba a dar cuenta de esto.
—¿Qué pasa con ese marido tuyo, eh? —dio un paso al frente con ese tono burlón que tanto lo caracterizaba—. ¿Dando espectáculo para que la gente se dé cuenta de que “su mujer” es