El último mensaje de uno de sus hombres había sido claro: «La mercancía no deja de quejarse. Necesita que la calmes».
Se despidió de Selene y Alan, mientras prometía volver antes de la hora de la cena. O al menos, esa era la idea.
Marcos llegó al departamento donde dicha “mercancía” no dejaba de molestar y entró con la llave de repuesto.
Era un piso bonito, moderno: cocina abierta, muebles de diseño, todo pagado en efectivo. Para cualquiera sería un lujo. Para ella, nunca era suficiente.
La muj