Fue un fastidio quitarse a Alejandro de encima. Permaneció toda la noche abrazándola en un agarre posesivo que la mantuvo muy pegada a él.
Lo sintió hincharse más de una vez.
Pero fue de madrugada, antes de levantarse para ir al trabajo, cuando alzó una de sus piernas y le embistió de lado. Lento, despertándola de esa forma, haciéndola sacudirse y llenándola nuevamente con su semen.
Cuando finalmente se fue, encendió su teléfono y vio todas las llamadas y mensajes de Marcos. Eran muchos, ciento