El hombre no dijo nada; se quedó estático por más de un minuto, con sus ojos fijos en la pantalla.
Parecía no poder creer lo que estaba viendo.
En el monitor, y gracias a la guía de la doctora, podía apreciar cómo uno de sus bebés estiraba una de sus extremidades superiores, mientras su hermanito daba una patada brusca en el espacio vacío.
—Son muy inquietos y parece que se llevan muy bien —siguió diciendo la mujer, ajena a la tensión que se estaba gestando en tan reducido espacio.
Cuando Aleja