—¿Por qué no respondías el teléfono? —reclamó en cuanto se acomodó en el asiento.
No pudo evitar rodar los ojos al escucharlo.
¿Era en serio?
¿Había venido hasta su casa solo por eso?
De haberlo sabido antes, le hubiera respondido en cuanto abrió los ojos esa mañana.
—¿Quizás porque estaba dormida? —ironizó.
—¿Y por qué en cuanto te despertaste esta mañana no me escribiste?
—Porque… se me olvidó —La verdad era que no había querido hacerlo. Pero ya sabía que tentar la paciencia de Alej