Sir Adrian retrocede un paso, me doy cuenta de reojo. No me atrevo a mirarlo porque mis ojos siguen prendidos en los de Maximilian.
—Alteza —dice el capitán con una leve reverencia—. Buenos días.
Maximilian no le responde, ni siquiera lo ve. Él sigue con su mirada fría en mí.
Trago saliva, intento controlar lo acelerado de mi corazón y me doy cachetadas mentales por mirarlo más de lo que debería.
«Me gusta como se ve con ese traje».
—Señor —interviene Emma con la misma educación que me ha mostra