Sigo observando, hasta que mis ojos se detienen en los de Sir Adrián. Continúa a unos cuantos pasos de las dos, también bajo la sombra del árbol.
La curiosidad me puede y no la detengo.
—Una década entregado al servicio… —le digo pensativa, siempre me ha causado curiosidad saber que los lleva a entregar tanto de su vida al servicio de la corona—. ¿Lo hace por vocación, patriotismo o simplemente obediencia ciega?
Emma, carraspea suave, lanzándome como señal esa mirada que significa «está cruzando