Despierto sintiéndome un poco mejor, al menos mejor que cuando al fin me quedé dormida. No tengo tanto dolor en la cabeza ni presión detrás de los ojos. Solo una sensación más liviana, persistente, que no duele del todo, pero que sigue ahí.
Paseo la mirada por la habitación unos segundos, solo para darle tiempo a mi cuerpo a responder a lo que mi bendito cerebro le dicta.
«Tengo que salir de la cama, aunque mi cuerpo ruegue por quedarse rendido aquí».
Estoy cansada, no lo puedo negar. Anoche no