El golpe suave en la puerta me saca del sueño ligero en el que estoy sumergida. Abro los ojos antes de que alguien entre y agradezco que Marie Claire haya apagado la luz porque el dolor de cabeza que tengo sigue martillándome con fuerza.
—Señorita Harriet, el doctor ha llegado —dice detrás de él Mari Claire—. ¿Lo hago pasar o desea dormir un poco más?
Asiento en silencio y ella enseguida enciende la luz.
—Hazlo pasar.
La puerta se abre por completo y el doctor entra acompañado de Mari Claire. E