—Te dije que no entraras.
—¿Qué fue ese sonido?
—Nada.
—Harriet.
—Maximilian —Enarco la ceja, sostengo con fuerza el vestido contra mi pecho.
—Te escuché gritar.
—Ahh —me río como si de verdad estuviera relajada—. Estaba peleando con el cierre del vestido, es todo.
—¿Por qué?
—Porque se trabó y…
—Date la vuelta —me ordena tajante.
Y yo siento que me desmayo aquí mismo, porque si no me muevo con prudencia, notará lo que escondo y si me muevo, también.
—No hace falta que…
—Date la vuelta, Harriet