No puedo creer lo que acaba de decir.
Siento que mi cuerpo no me pertenece. Se altera, se descontrola por completo y desea obedecer a una orden que ni siquiera ha sido pronunciada directamente.
…Bésame o cómeme, haz lo que sea, si con eso terminas queriéndome…
¿Tan masoquista es? ¿O es que acaso no le importa nada más que obligarme solo para ganar? Eso me calienta la cabeza, me hace sentir molesta, porque no puedo creer que sea tan terco y se empecine en algo que puede ganarse por otros medios.