No puedo creer lo que acaba de decir.
Siento que mi cuerpo no me pertenece. Se altera, se descontrola por completo y desea obedecer a una orden que ni siquiera ha sido pronunciada directamente.
…Bésame o cómeme, haz lo que sea, si con eso terminas queriéndome…
¿Tan masoquista es? ¿O es que acaso no le importa nada más que obligarme solo para ganar? Eso me calienta la cabeza, me hace sentir molesta, porque no puedo creer que sea tan terco y se empecine en algo que puede ganarse por otros medios.
Maximilian sigue mirándome con esa calma envenenada que tiene el poder de desarmar toda mi furia sin siquiera mover un dedo.
No dice nada, el tirano sabe que no necesita hacerlo. Me sigue observando con esa postura aparentemente relajada, dejándome ver su piel levemente bronceada bajo la luz cálida de la habitación.
Cruzo mis brazos contra el pecho, queriendo cubrirme de algo que ni siquiera entiendo. Siento rabia, deseo, desesperación, ganas de pegarle el tacón y ganas de otras… cositas.
Tengo