Caterine sonrió al sentir los brazos de Corleone envolverla. No lo había visto acercarse, pero supo de inmediato que se trataba de él. Lo delataba su aroma inconfundible y porque solo él tenía la capacidad de despertar todo tipo de sensaciones en su cuerpo. Corleone entrelazó ambas manos sobre su vientre con una delicadeza que contrastaba por completo con su expresión severa y la mirada asesina que le había visto lanzar a más de la mitad de invitados hombres.
Caterine apoyó la nuca en su pecho,