Corleone giró la cabeza por un momento para ver a Caterine. Ella había hablado sin parar durante todo el trayecto, pero de repente, el silencio había llenado el espacio. Sonrió al verla dormida. Su habilidad para hablar sin detenerse ni siquiera para respirar seguía sorprendiéndolo. Aunque al principio le resultaba inusual, con el tiempo había llegado a aceptarlo como una de las características que la hacían única. No solo lo aceptaba, lo amaba.
Desvió la mirada hacia la autopista, y continuó c