Greta sonrió con dulzura mientras observaba cómo Zinerva recibía a Gino con los brazos abiertos y lo envolvía en un abrazo.
—No puedo creer que estés aquí —exclamó Zinerva, dramáticamente, aunque con evidente cariño—. Ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que te vi.
Greta apretó los labios para contener la risa. Al levantar la mirada, notó que Stefano también parecía entretenido por la efusividad de su esposa.
—Vine a verlos la semana pasada y visitaste el taller hace unos días —replicó Gino,