Greta mantuvo los ojos cerrados mientras Gino la llevaba en brazos hasta su habitación. Aunque su respiración ya se había calmado y su corazón latía con menos furia, su cuerpo aún vibraba con los ecos del orgasmo reciente.
Estaba envuelta en esa deliciosa niebla posterior al clímax, donde todo parecía más suave, más lento, más íntimo. Acomodó mejor la cabeza, buscando que su mejilla reposara directamente sobre el pecho desnudo de Gino para poder escuchar el latido de su corazón
Le gustaba cuando