—Mi mamá piensa que eres atractivo —comentó Greta, divertida, con una sonrisita escondida en los labios.
—Por supuesto que lo piensa —respondió Gino con descaro—. ¿Es que acaso no me has visto? —Él giró la cabeza y le guiñó un ojo antes de volver a mirar al frente.
Greta negó con la cabeza, conteniendo una carcajada.
—Eres insoportable.
—Di lo que sea necesario para resistirte a mi encanto, pero al final vas a pensar igual que yo.
Esta vez, Greta no pudo evitar reír. Era tan fácil pasarla bien