Greta descubrió que Gino seguía en su departamento en cuanto entró en la cocina. Él estaba de espaldas a ella, vestido únicamente con sus pantalones, luciendo tan increíble como siempre.
—¿Por qué sigues aquí? —preguntó, concentrándose.
Él se volvió hacia ella y dejó un par de platos sobre la mesa. El aroma de la comida despertó su apetito, pero por el momento lo ignoró.
—Aún tenemos que hablar —respondió Gino con calma.
—No se me ocurre de qué —replicó, cruzándose de brazos.
—¿De verdad no quie