Gino se estaba arriesgando demasiado y, aunque había estado bastante seguro de que Greta sentía algo más que deseo por él, cuanto más pasaba el tiempo y ella no decía nada, menos seguro se sentía. ¿Y si acaso había visto lo que quería ver?
—Sabes lo que pienso de relaciones formales —dijo ella, por fin.
—Eso no fue lo que pregunté, lindura —replicó Gino, logrando esbozar una suave sonrisa, pese a la tensión que lo consumía.
—Yo… —Greta desvió la mirada.
—Necesito que mires a los ojos mientras m