Una sonrisa iluminó el rostro de Caterine al salir al jardín y escuchar el sonido de las risas de sus sobrinos. Era sábado por la mañana y el aire aún fresco y el olor de las flores le dieron la bienvenida. Sus padres habían llegado la noche anterior y habían decidido que querían pasar un día en familia.
A lo lejos, observó a los hijos de su hermana mayor corriendo mientras el padre de Caterine los perseguía, imitando los gruñidos de un monstruo imaginario. Quien viera al gran y temido Giovanni