Una sonrisa se dibujó en los labios de Gino al escuchar el sonido firme de unos tacones resonando sobre el concreto taller. Tenía el presentimiento de saber de quien se trataba.
Con un pequeño impulso de piernas, hizo rodar la camilla para salir de debajo del auto. Alzó la mirada, tomándose su tiempo para apreciar las piernas que estaban frente a él.
Greta se aclaró la garganta, llamando su atención.
—Si vas a mirar mis piernas, al menos ten la decencia de disimular —dijo ella con una sonrisa.
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