CAPITULO 83 una leyenda urbana.
Sintió que el goce arreciaba y se dobló más, apretando sus glúteos contra el miembro duro y enorme que la ceñía y parecía pulsar. Tanta excitación debía doler, pensó ella, preocupada de que él no recibía nada y ella concentraba todos sus esfuerzos.
—Ahhhh—gimió al notar que él daba más velocidad a sus dedos y su p#$& se colaba por la raja de sus glúteos, deslizándose en una caricia sensual y ardiente.
—¿Quieres más? ¿Quieres correrte otra vez?—resolló él.
—¡Si, sí, dame todo lo que tienes!—grit